Tengo la clara ubicación,
el mapa
de los charcos de sangre en nuestra casa.
Tengo el pelo corto,
y la guadaña,
y la savia que
chorrea el tronco que formabas.
Los ojos tristes,
la cama atada,
tengo la intención de ser mi madre en las uñas pintadas,
Los labios resecos,
la cara ajada,
las mentiras en la mesa,
por si me hicieran falta.
La fecha de expiración de mi álbum de reclamos,
el carnet de afiliación
de “amigos del diccionario”
Tengo los regalos más maravillosos
puestos en un altar,
lejos de los despojos,
la medianera mal tratada
y un desastre en el patio del fondo,
tengo el inconsciente
entre los pastos,
sin poder nombrarte
y respirando hondo.
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