Ya estás bien con tu sillón,
no va a hacer falta que recuerdes los colores de mi alfombra
ni calcular cuantas
palmaditas necesita el gato
para no sentir al verdadero
intruso.
Ya está bien, y eso es bueno
no hay que hacer equilibrio
para coger de parados
al borde del abismo, a punto
de quebrarnos el cuello
o suspendidos de una
conversación llena de cercos.
Está bien, en esta casa no
corre aire,
aunque goza de
penumbra y silencio,
yo también prefiero el aroma de los pinos en la vía,
pero balanceándote en los
hilos de mi alfombra
solo se adivinan musgos y pantanos.
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