viernes, 13 de abril de 2018

Casa de almohadas.



Ya estás bien con tu sillón,
 no va a hacer falta que  recuerdes los colores de mi alfombra
ni calcular cuantas palmaditas necesita el gato
para no sentir  al verdadero  intruso.

Ya está bien, y eso es bueno
no hay que hacer equilibrio para coger de parados
al borde del abismo, a punto de quebrarnos el cuello
o suspendidos de una conversación llena de cercos.

Está bien, en esta casa no corre aire,
 aunque goza de  penumbra y silencio,
yo también prefiero  el aroma de los pinos en la vía,
pero balanceándote en los hilos de mi alfombra
solo se adivinan  musgos y pantanos.



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