Si, cerré los ojos fuerte y me quedaron marcadas para
siempre las patas de gallo
Cumplí cuarenta el
año que empecé preescolar
Afuera era marzo resplandeciente y aún cálido
Adentro la siesta y laberinto del terror
Sabía muy bien desde otras vidas
que era eso.
Sabía y nunca quise saberlo
((Hubiera preferido ser siempre una idiota))
No pude correr,
ni escapar a ningún lado,
solo atiné a abrir el alma para que saliera volando.
Y supongo que se volvió un vicio
evaporarme sin mover
las piernas,
tener cuidado,
medir los abrazos
Hay cosas que esperan
dormidas,
no importa cuantas líneas de estupidez te tomes,
pasan los años y se van mudando con todas tus cajas.
No importa cuanta estupidez compres
las habitaciones
oscuras siempre te esperan vacías en las
siestas de marzo.
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